POPI

Popi nos dejó el 21 de noviembre de 2017 cuando su riñón dijo: “Hasta aquí hemos llegado”, y dejó de funcionar.

Dos días antes Popi había dejado de beber agua, de hacer pis y de comer. Teníamos claro desde el principio que no vacilaríamos a la hora de tomar la decisión en cuanto viéramos que algo iba mal, y así fue. Ante esa sintomatología, el martes 21 le llevamos al veterinario a mirar el riñón, y los valores salieron disparados. Se quedó ingresado, y a las tarde le dormimos.

Nunca estás preparada para esto, nunca. Nos consuela que ahora nuestro gran pequeño descansa por fin, y cómo nos lo hizo saber sin dar tiempo a sufrir.

Popi estaba muy agotado. Los ataques y luego la adaptación a loas antiepilépticos. El último mes dormía mucho más de lo normal y estaba mucho más cercano, durmiendo con nosotras y relajándose cada vez que lo cogíamos en brazos.

estuvo 9 meses con nosotras, y siempre nos enseñó que aun teniendo demencia se puede disfrutar de muchas cosas, de mil olores, de sentirse querido, de gruñir, de devorar comida rica, y de alegrarse al oírnos.

Lo que para mucha gente el limpiar pises, el no dormir para estar con él hasta que se duerma mientras da vueltas en bucle, el limpiarle las súper legañotas, el darle la medicación, es un fastidio, para nosotras era parte ya de nuestras vidas y deja un vacío tremendo. a no vemos ni consideramos las fregonas como antes…

Así que Popi, ha sido un honor conocerte, tenerte en nuestras vidas y darte todo el amor y cuidado en tus últimos días.

Esperamos algún día volver a verte.

Te queremos y nunca, nunca, te olvidaremos.

 

CONOCE LA HISTORIA DE POPI:

Popi era el más abuelete de toda la panda del Txoko Lleó.

En su momento fue sacado de la perrera por una familia que, cuando vió los achaques de Popi, propios de su edad, decidió que no quería ni hacerles frente económicamente, ni quería tener a un abuelo en su casa.

De ahí se fue de acogida a una casa donde no duró mucho. De nuevo, el tener a un perrete que se mea y se caga, porque ya no controla, resultaba un incordio para esta señora que lo tenía.

Sabiendo por la situación que estaba pasando Popi, rechazado en todas las familias en las que caía, decidimos ir a buscarle y ofrecerle un hogar donde pasar, de la mejor manera posible, sus últimos días.

Desde entonces vivó en el Txoko Lleó. 

Era un abuelete muy gracioso y mimosón. Tenía demencia senil, por lo que caminaba sin destino alguno por todo el Txoko hasta que se encuentraba con algún mueble que le entorpecía el paso y se bloqueaba. Unas veces bastaba con girarle para que siguiese su camino y otras, en cambio, salía del embrollo él sólo.

Se orinaba y se hace caca en casa porque no se daba cuenta de que tienía ganas, pero esto lo resolvimos rápido con una fregona y listo.

Popi tenía la boca fatal y se veía que le molestaba, pero era inviable dormirle para arreglársela por el riesgo que ésto supondría para su vida. También tenía ataques de epilepsia cada cierto tiempo, fruto probablemente de algún tumor cerebral. Cada vez que los tenía lo pasaba fatal, y nos costaba mucho calmarle. El hombre estába hipermedicado, como cualquier abuelete.

Sabíamos que en cualquier momento llegaría su hora, pero mientras comiese con las ganas que comía, y se siguiese poniendo tan contento al vernos a nosotras o a sus hermanos y hermanas, nosotras seguiríamos ofreciéndole los cuidados paliativos que él se merecía.

EL DÍA A DÍA DE POPI EN IMÁGENES:

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