LOS MISMOS GANCHOS por Beatriz García Serrano

Desde las gallinas felices, las vacas que ríen, los idílicos pastos verdes, los lunes sin carne, los certificados del tipo “ecológico”, “humanitario”, “sello de calidad en bienestar animal”, hasta el asesinato de animales para el bienestar humano, hay solamente un paso: matar. Las etiquetas de los productos ecológicos incluyen frases tan idílicas y sugerentes como “huevos producidos por gallinas alimentadas de forma natural en grandes extensiones al aire libre” “la leche procede de vacas que pastan al aire libre alimentadas por piensos vegetales”, además las imágenes son tan impresionantes, se ven enormes terrenos con vacas felices, y con gallinas que picotean de aquí y de allí…

Todos estos conceptos nos engañan. La industria cárnica es conocedora de que en los últimos tiempos lxs consumidorxs sienten cierta preocupación por el trato que reciben lxs animales durante su crianza, sin cuestionar, no obstante, tal uso. Y como a todo hay que adaptarse pues qué mejor manera que decirle a la gente que el animal que ha sido asesinadx y ahora está envuelto en papel film o vertido en un tetrabrik fue feliz. Cegadxs por la comodidad, por el placer de la conformidad, se mantiene su consumo con la conciencia tranquila. Matar sostenible. ¿Cómo se puede asociar el infierno con el bienestar? Testimonios de varios matarifes aseguran que, por ejemplo, a los pollos de ganadería ecológica no se les parten las patas como a los pollos de ganadería intensiva, pero, resulta que, los matan los mismos, en los mismos sitios, y de la misma forma.

En muchas ocasiones se tiende a pensar que la ganadería ecológica es mejor, ¿para quién? Lo que persigue el antiespecismo es que los animales sean poseedores de derechos por ser seres con capacidad de sufrir y disfrutar de sus vidas, y para ello es cuestión indispensable dejar de verlos como objetos para uso del ser humano. La ganadería es un negocio para obtener un beneficio y cuando le ponemos un apellido como intensiva, extensiva o ecológica, lo único que hacemos es seguir manteniendo esclavos que, igualmente, serán destinados a una muerte segura.

“Garantizar” el bienestar de lxs animales mientras son explotadxs, mientras no son más que un objeto al servicio de los intereses del ser humano. Regular la explotación. Así nos encontramos jaulas más grandes o piensos menos contaminados por antibióticos. La finalidad no es el animal, lo que importa no es su vida, porque se vulnera su deseo de vivir, la finalidad, de hecho, es poder mantener, sostener, apoyar y justificar el especismo haciendo creer que se puede matar animales, usarlos, explotarlos, pero en condiciones que consideran buenas y sostenibles para el medio ambiente, esto es, poder seguir matando animales pero sin perjudicar tanto el entorno que compartimos con ellxs, seguir matando animales pero cuidando un poco más nuestra salud. Pero ¿Cómo es posible matar bonito? ¿qué ocurre con las crías de las vacas lecheras ecológicas? ¿a cuántos partos se somete a las vacas? ¿qué ocurre cuando las vacas o las gallinas dejan de producir?

Torturar y asesinar animales no puede ser justicia porque no es ético. El soplo de sostenibilidad no puede ocultar que la ganadería ecológica es tan insostenible como cualquier otra, porque mata animales cuyo único interés es seguir con vida.

La visión ecológica y la antiespecista suelen ser consideradas externamente como si tuviesen un fin en común. Pero parten de intereses bien diferentes y persiguen objetivos completamente distintos. El ecologismo mantiene una visión antropocentrista, y en su ideario no caben los individuos y sus intereses, en el ecologismo solamente importa el entorno, el ecosistema, el mantenimiento de (determinadas) especies, una suerte de mal llamado bien común. Para el ecologismo la consideración moral es desplazada de los individuos sintientes al conjunto de los ecosistemas.

Lo que ocurre es que quienes pueden sufrir y disfrutar son los animales sintientes, no los ecosistemas. Los individuos pueden tener experiencias, mientras que los ecosistemas, no. Quienes mueren son individuos sintientes cuyo deseo es vivir.

Lxs animales, independientemente de la alimentación y “las medidas de bienestar” son igualmente separadxs de sus madres al poco tiempo de nacer, engordadxs y llevadxs a los mismos mataderos convencionales, viajando largas distancias, siendo sometidxs al mismo cuchillo y acaban colgados, mientras se desangran, de los mismos ganchos.

Beatriz Serrano García, Activista Vegana
Madrid

http://movimientoantiespecistalleo.blogspot.com.es/2018/01/los-mismos-ganchos-por-beatriz-garcia.html

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